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sábado, 13 de julio de 2013

Holden y Gatsby

The Roaring Twenties.

A más de uno os habrá pasado eso de enamorarse de un libro, o de un personaje, o de una historia en el que uno desearía vivir para siempre. A mí me suele pasar con los libros que se ambientan en Nueva York.

Dos de los personajes más carismáticos de la literatura, Holden Caulfield y el Gran Gatsby, han sido algunos de mis ilustres guías turísticos.

Me pregunto qué hubiera pasado si se hubieran conocido mi querido Holden, quintaesencia adolescente, y el paradigma del norteamericano hecho a sí mismo, Jay Gatsby. Probablemente se habrían corrido unas buenas juergas juntos, y el bueno de Jay le habría dado útiles consejos sociales al rarito de Holden.

Ambas historias tienen un comienzo magnético y atrayente, precisamente por todas las cosas que los autores no escriben directamente. Scott Fitzgerald ya nos habla de las conductas humanas desde la primera página. Salinger nos introduce directamente en el mundo contradictorio de Holden. Son dos genios, que despiertan simpatía porque no fueron muy reconocidos en su tiempo, y sus diferentes visiones de Nueva York son complementarias.

Holden y Gatsby tienen algo muy claro en común: sus inseguridades. La gente que critica la versión de Luhrmann por ser muy discotequera, no ha leído o no ha entendido "El Gran Gatsby". Todos los actores de esta película se sumergen en la complejidad de los personajes, y el misterioso Gatsby no es más que un hombre con miedo. Miedo a perder a su amor de la juventud, miedo a ser pobre y miserable, miedo a no ser reconocido, miedo a decir en voz alta que la cagó en el pasado y que ya no hay vuelta atrás, miedo a ser común, ordinario, uno más.

Chinchín.
Total que Gatsby es así, muy espléndido, con turbios negocios en Chicago, y toda Nueva York va a sus fiestas sin conocerle, pero en realidad ve a Daisy y se ruboriza como un colegial.

Los miedos de Holden son diferentes, y no sabe esconderlos: o bien te los confiesa abiertamente o bien se le escapa alguna mentirijilla y le pillas, como cuando habla de su hermano.

Holden es diferente, no tiene ni que intentarlo. Como buen adolescente, vive en una constante decepción conforme va descubriendo cómo actúan los mayores, y se queja. Se queja mucho y de todo. Puede resultar cansino, pero tiene un sentido literario: el inconformismo, la negación a crecer y convertirse en aquello que más detesta: un adulto hipócrita y conformista. Holden es Holden, te va a decir verdades que no te van a gustar, verdades sobre ti mismo/a que no te habrías planteado antes, y te va a tocar las narices un montón. Y si no te gusta, pues te lees otro libro.

Por cierto, uno de mis blogs preferidos (y quizás de lo mejorcito que hay hoy en día en la blogosfera): Manual de un buen vividor, de El Guardián entre el centeno. Muy fan de este señor y de sus escritos.

Dicen que estas dos novelas son algunas de las candidatas a gran novela norteamericana. Ese Quijote que no han encontrado aún, dicen. Bueno, mi opinión no creo que le importe a nadie, pero para qué quieren un Quijote si tienen cientos de libros maravillosos, y Salinger y Fitzgerald son sólo dos ejemplos de grandes autores norteamericanos, que no los únicos.

Dicen que las últimas obras que han revolucionado la literatura americana hoy en día son "La broma infinita" de David Foster Wallace, y "Libertad" de Jonathan Franzen. Los tengo en lecturas pendientes, y caerá reseña. Pero, insisto, que los yanquis no tienen por qué seguir empeñados en consagrar a un Cervantes o un Quijote (otra cosa que vemos en "El Gran Gatsby" y que me asombra: lo obsesionados que están los americanos con todo lo colosal, lo grandioso, el tamaño extra grande, el super size, tamaño familiar o mastodóntico. El caso es dar el espectáculo. Les encanta)

Bueno, puede que la peli de Luhrmann sí que sea un pelín purpurinesca. Pero es necesario.

Así que, si no se os ocurría qué leer este verano y no tenéis pasta para ir a NY, aprovechad estas sugerencias. Aquí os dejo el Mapa Literario de Manhattan que ofrece el New York Times.

Tenéis para rato.